Una guerra es como un gran pie
que se colocase bruscamente
interrumpiendo la vida de un hormiguero


María Teresa León


gci.jpg
La guerra civil española (1936-1939) es un ejemplo de cómo un evento extra literario puede afectar de una manera tan directa y contundente a las letras y a la cultura de un país, ya que generó la creación de arte (sobre todo de poesía) durante los casi tres años que duró y también llevó al exilio a miles de españoles, muchos de los cuales fueron a México para continuar con su obra literaria y para encontrarse con escritores allí.


La Alianza de intelectuales antifascistas
Al estallar la guerra civil el 17 de julio de 1936 la gran mayoría de los intelectuales españoles se incorporaron a la facción republicana. Dice Rafael Alberti: “La guerra, después, nos juntó casi a todos en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Luego, el exilio nos dispersó”.


Los poetas-soldados
La solidaridad de los intelectuales con el ejército republicano muchas veces llegó hasta el frente, a donde iban camiones con un altavoz por el cual los soldados escuchaban a Miguel Hernández, a José Herrera Petere, a Pedro Garfias o a algún otro integrante del grupo encabezado por Rafael Alberti,
Algunos se incorporaron al ejército republicano y lucharon en el frente, otros, por razones de edad o de salud, defendieron la causa escribiendo. Había quien tenía tanto el fusil como la pluma en mano, como Miguel Hernández, quien escribía versos como: “Mujer, mujer tequiero cercado por las balas / ansiado por el plomo”.
Entre los que únicamente escribieron sobre la causa destaca el poeta Antonio Machado, quien en noviembre de 1936 escribió:
“Soy viejo y enfermo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español, enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente sus funciones [...] De todos modos, aquí me tiene usted al lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también en frente de esas fuerzas negras-¡y tan negras! [...] En España, lo mejor es el pueblo. Por eso la abnegada defensa en Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”.


Un año después, en noviembre de 1937, escribió para el Socorro Rojo un llamado a la solidaridad con los combatientes que estaban en el frente:


Sobre nuestra España, traicionada y vendida, pesa la guerra con todos sus horrores y todas sus crueldades, hace ya quince meses, y pronto, por segunda vez, vendrá el invierno con sus escarchas, sus nieves y sus ventiscas a aterecer el cuerpo de nuestros luchadores; llegará, implacable, a los hogares humildes donde los viejos, las mujeres y los niños aguardarán, llenos de angustia y de esperanza el retorno del soldado querido, del héroe ausente, que no siempre puede volver [...] Razón tiene mi buen amigo Pedro Garfias, poeta y soldado, noble capitán de su lírica al no querer cantar, melancólicamente a las hojas secas que barre el viento de noviembre; porque no vivimos horas de melancolía sino de sangre, y porque los vientos de hoy se llevan mucho más que el follaje amarillo: arrastran también las ramas más floridas del árbol humano [...] ¡Mantas, cobertores, bufandas y pasamontañas, abrigos para los que luchan! Esto pide hoy el poeta en sus romances, estoy pide el Socorro Rojo de España y esto pedimos todos. Porque el invierno viene y hay que ayudar a nuestros hermanos [...]

Las bombas y el arte

Indudablemente la relación arte-guerra civil española nos trae a la mente el Guernica, monumental obra de Pablo Picasso inspirada en los bombardeos a la ciudad vasca que da nombre al cuadro, realizado en 1937 por encargo del gobierno republicano para el pabellón español de la exposición internacional de París. El Guernica refleja con dramatismo el horror de la guerra y aparecen en él algunos de los símbolos más queridos de su autor: el caballo y el toro.


El Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas
En julio de 1937, a un año de haberse iniciado el conflicto, se realizó el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, el cual se recuerda como “una especie de feria ambulante”, ya que se inauguró en Valencia, después se trasladó a Madrid y luego a Barcelona, para concluir en París.


Recordando a Federico García Lorca
También en 1937, en agosto, se organizaron diversos eventos con motivo del primer aniversario del asesinato del poeta y dramaturgo Federico García Lorca.
Se recopilaron poemas para integrar el Romancero de la guerra de España, publicado ese mismo año, ilustrado y dedicado a la memoria de García Lorca.


La fuerza de la poesía
Fue en la poesía donde se manifestó de una manera más miguel-hernandez.jpg
abundante la producción literaria de los simpatizantes de la República. A lo largo de los tres años de la guerra civil surgen publicaciones que incluían composiciones de escritores reconocidos, al lado de nombres nuevos y colaboraciones anónimas. El comandante Enrique Líster en sus memorias lo dice de una manera muy clara y sincera:
“Yo, que no entiendo nada de poética, les estoy profundamente agradecido a los poetas por el importante papel que la poesía ha desempeñado durante la guerra... Una buena poesía era para mí como varias horas de discursos resumidos en unos pocos minutos. He podido comprobar muchas veces que una poesía capaz de llegar al corazón de los soldados valía más que diez largos discursos. Es tal la fuerza de la poesía para desarrollar o cantar el heroísmo, que los periódicos y revistas de las unidades militares estaban llenas de poesías hechas por los propios combatientes...”
El 30 de noviembre de 1936 apareció el primer Romancero de la guerra civil, con 35 composiciones, tanto de escritores consagrados como de espontáneos cantores populares. Esta poesía de urgencia se convirtió en el cauce preferido del pueblo, quien eligió para expresarse el romance, al cantar y narrar la epopeya de la guerra en las ocho sílabas simples, puras, tradicionales de nuestro romance popular.


Las revistas
La sorpresiva sublevación que hizo tomar partido a los intelectuales, poco después los llevó a publicar revistas y periódicos los cuales llegaban a las trincheras conteniendo material en prosa y en verso.
Por varias razones, la más importante de las publicaciones surgidas tras el inicio de la guerra fue Hora de España, fundada en Valencia a finales de 1936. A pesar de las circunstancias por las que atravesaba el país, esta revista logró una continuidad de veintitrés números.


Los libros
En cuanto a los libros, la guerra contribuyó a que el pueblo español se entregara a la lectura. El libro fue el compañero inseparable del fusil, y también muchos campesinos españoles aprendieron a leer.