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Un viaje por España es todavía una empresa peligrosa y novelesca; es necesario esforzarse, tener valor, paciencia y fuerza; se arriesga la piel a cada paso; las privaciones de todo tipo, la ausencia de las cosas más indispensables de la vida, el peligro os rodea, os sigue, os adelanta; no oís susurrar a vuestro alrededor más que historias terribles y misteriosas. ‘Ayer los bandidos han cenado en esta posada. Una caravana ha sido interceptada y conducida a la montaña por los brigantes para obtener un rescate’. Es necesario creer en todo esto, ya que se ven, a cada lado del camino, cruces cargadas de inscripciones de este tipo: ‘Aquí mataron a un hombre’.

La descripción anterior, cargada de emoción y trazada con la clara intención de inspirar una imagen peligrosa y exótica de nuestro país, surgió de la hábil pluma de Théophile Gautier, literato romántico francés que en 1840 emprendió su particular periplo por tierras de la piel de toro. Sus experiencias –que no fueron escasas– acabaron descritas en su Viaje por España (1840), y fueron leídas con avidez por miles de sus compatriotas y otros europeos.



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